La noche ya estaba bastante avanzada cuando el chófer de Alanna estacionó el auto frente a la antigua casa de los Villada. Era una construcción de estilo sobrio, con columnas de piedra y ventanales amplios, silenciosa en su imponencia. Leonardo la había conservado desde la muerte de su padre, como un santuario. Era allí donde guardaba los recuerdos que nadie más conocía, las huellas de un pasado que durante años se había negado a soltar.
Esa tarde, todo estaba en calma, demasiado. Ni los pájaros