El lunes despertó sereno, como si quisiera extender la paz del fin de semana. En la habitación principal, la brisa suave de la mañana entraba por el ventanal apenas entreabierto, arrastrando con ella el aroma tenue del jazmín del jardín. Alanna se encontraba frente al tocador, arreglando los últimos detalles de su peinado, mientras Leonardo, en mangas de camisa, revisaba unos papeles en la mesa de lectura junto a la ventana.
—Se está yendo muy rápido el fin de semana —murmuró Alanna, rompiendo