El abrazo de Esteban era cálido, familiar, como un refugio al que Alanna quería regresar. Pero no podía permitirse caer en esa trampa otra vez. Con un movimiento firme, se soltó de sus brazos y dio un paso atrás, mirándolo con una mezcla de dolor y determinación.
—Dame una razón —dijo, con voz temblorosa pero firme—. Una razón con peso para no casarme con Leonardo. Porque hasta ahora, todo lo que me has dicho son excusas vacías.
Esteban la miró, sorprendido por la intensidad de su mirada. Sabía