La noche había avanzado como una sombra lenta, pesada, en la mansión Salvatore. El fuego en la chimenea ya se había apagado, dejando apenas un halo de calor en el ambiente. Alanna había subido a su habitación tras aquella conversación intensa con Leonardo. No le dijo nada más, solo se levantó en silencio, él la siguió con la mirada hasta que desapareció por el pasillo.
En su cuarto, el silencio volvía a pesar. Alanna se recostó en su cama sin siquiera cambiarse, con la bata aún puesta, y cerró