El silencio en la sala aún reinaba tras la exposición de Alanna. Los rostros de los ejecutivos eran una mezcla de sorpresa, vergüenza y desconcierto. Los periodistas seguían tomando fotografías, captando cada gesto, cada mirada, cada mínima reacción. Alexa, acorralada, no podía sostener la mirada de nadie.
Fue entonces cuando Leonardo, con el rostro tenso, dio un paso hacia adelante.
—Yo también tengo algo que decir —dijo con voz firme, aunque su garganta ardía por dentro.
Alanna lo miró sorpre