Apenas habían pasado unas horas desde la escandalosa reunión en la que Alanna desenmascaró públicamente a Alexa y presentó las pruebas que la liberaban de cualquier sospecha. El video de seguridad, los documentos digitales analizados, y el rostro pálido de Alexa quedaban grabados en la retina de todos los presentes, pero también en las cámaras que transmitieron en vivo.
Y ahora, las puertas de la empresa estaban sitiadas por decenas de reporteros. Micrófonos. Flashes. Gritos de preguntas que se