La luz de la noche se filtraba entre las gruesas cortinas de la mansión Sinisterra, proyectando sombras alargadas sobre las alfombras orientales. El ambiente, aunque elegante y ordenado como siempre, parecía cargado de un silencio extraño, como si algo invisible se hubiese instalado entre las paredes, respirando en cada rincón.
La señora Sinisterra se observaba en el espejo de su tocador mientras se aplicaba un poco de perfume tras las orejas. Había pasado los últimos días procesando la informa