El sol de la mañana se filtraba con suavidad por los ventanales del comedor. La señora Sinisterra removía su té con parsimonia, mientras fingía interés en la lectura del periódico económico. Por dentro, su mente seguía repasando cada detalle de los documentos que había descubierto días atrás en el despacho de Alberto. Apenas había dormido. Las imágenes, los nombres, las fechas, todo se repetía como una letanía atormentada.
—¿Mamá? —la voz de Alexa interrumpió su espiral mental.
La señora Sinist