La señora Sinisterra había llegado a su mansión, un lugar que alguna vez estuvo lleno de risas y momentos felices, pero que ahora solo le evocaba un vacío doloroso. Con el corazón aún en conflicto por todo lo sucedido con Alanna y la familia, se permitió descansar en la soledad de su hogar. Sin embargo, algo dentro de ella la empujaba a buscar algo que la conectara con el pasado, con la hija que había criado, aunque todo pareciera haber cambiado de forma irreversible.
Cuando cruzó el umbral de