La tarde en Salvatore Entreprise transcurría con la calma engañosa que suele preceder a una tormenta. Después de su aplastante participación en la reunión de la mañana, Alanna regresó a su oficina para continuar revisando contratos, auditorías y propuestas pendientes. Quería dejar claro, desde el primer día, que su lugar no era solo decorativo.
Pero mientras organizaba los documentos sobre su escritorio, notó algo extraño: uno de los contratos que debía presentar esa misma tarde había desaparec