La pesada puerta de la mansión se abrió con suavidad ante ellos. El crujido casi imperceptible de las bisagras pareció anunciar que algo especial estaba a punto de suceder.
Alanna, sintió un escalofrío recorrerle la espalda. Pero no era temor. Era algo diferente, algo desconocido que apenas se atrevía a nombrar: expectativa.
Un aroma dulce, floral, llenaba el aire. No era invasivo, sino acogedor, como si cada perfume hubiera sido elegido con cuidado para acariciar el alma.
A medida que avanzaba