Capítulo 173: Entre susurros y caricias.
El silencio reinaba en la mansión, pero no era incómodo. Era un silencio acogedor, casi sagrado, como el de un templo donde se preservan las cosas más valiosas.
Las luces tenues acariciaban las paredes de piedra, reflejándose sobre los ramos de flores que aún perfumaban el aire. El reloj marcaba las once de la noche, pero para Alanna, el tiempo parecía suspendido.
Sentía los latidos de su propio corazón resonar en sus oídos, desacompasados, alertándola de que algo dentro de ella había cambiado.