El silencio en la casa se hacía cada vez más pesado. La lluvia seguía cayendo con insistencia en el exterior, mientras en el interior, Sabrina y Alanna parecían librar una batalla silenciosa con miradas furtivas y palabras contenidas.
Sabrina, con su expresión endurecida, dejó escapar un suspiro y comenzó a levantarse del sofá con evidente esfuerzo. Su pierna herida aún le molestaba, pero no quería admitirlo, mucho menos frente a Alanna.
—¿Necesitas ayuda? —preguntó Alanna con tono neutral, sin