Leonardo se puso de pie con calma, pero cada movimiento suyo irradiaba poder. Con una elegancia natural, se hizo al lado de Alanna, como si su presencia a su lado fuera innegociable.
—Mi casa matrimonial aún está en construcción —anunció con frialdad—. Hasta que esté lista, me quedaré aquí.
El silencio se apoderó de la sala. La señora Sinisterra ocultó su nerviosismo tras una sonrisa forzada, mientras su esposo fruncía levemente el ceño, meditando las implicaciones de aquellas palabras. Allison