El silencio en la biblioteca era tan denso que Alanna sintió que podía ahogarse en él.
Había intentado marcharse, pero la voz de Enrique la detuvo antes de que pudiera dar otro paso.
—Alanna, espera…
Algo en su tono la hizo detenerse, aunque su instinto le gritaba que siguiera caminando.
No quería escucharlo.
No quería enfrentar lo que había sucedido hace unos minutos, las palabras que habían cambiado por completo la relación entre ellos.
Pero entonces sintió su mano envolviendo la suya.
El con