La música suave flotaba en el aire, mezclándose con el murmullo de conversaciones y el tintineo de copas. Alanna se movía entre los invitados con una elegancia calculada, evitando permanecer demasiado tiempo en un solo lugar. Sabía que Enrique estaba cerca. Lo sentía. Su mirada ardiente sobre ella, como un peso invisible que la hacía sentir atrapada.
No podía enfrentarlo. No después de todo.
—Alanna.
La voz de Enrique se alzó entre el bullicio, firme y segura.
Alanna cerró los ojos un segundo a