Capítulo 113: Dame el divorcio.
Alanna sintió que el aire se volvía espeso.
—No digas estupideces.
Pero Leonardo soltó una carcajada seca, cínica, con la mandíbula apretada. Estaba cegado, consumido por la idea de que ella lo estaba traicionando, de que ella estaba de su lado.
—Claro… claro que no. Solo estás aquí, en mi casa, con mi apellido, pero defendiendo a mi enemigo.
Alanna sintió un nudo de rabia en la garganta.
—¡Esto no es por Enrique!
—¡Todo lo que dices es por él! —rugió Leonardo, alzando la voz con una furia que