Laura
Salir a la calle fue como volver a respirar después de pasar demasiado tiempo bajo el agua.
Gabriel dormía en su coche desde que llegamos a un centro comercial. Tenía la cabecita ladeada y los labios entreabiertos. Mariana caminaba a mi lado hablando de cosas pequeñas —una tienda nueva, una esquina distinta— y yo asentía, aferrándome a esa normalidad prestada.
El guardaespaldas caminaba detrás de nosotras. No demasiado cerca, pero siempre dentro de mi campo de percepción. Cuando nos dete