Carlos
En los días que siguieron a su llegada, la mansión no se hizo más amable, tampoco cambió el ambiente. Seguía siendo una casa que observaba, que medía y que recordaba.
Laura intentaba adaptarse, y poco a poco lo estaba logrando. Aun cuando la idea le resultaba amarga, aceptó coordinar con Ana y el equipo de cuidados. No discutió horarios ni rutinas; escuchó, preguntó lo justo y asentó cuando fue necesario.
Una mañana la observé desde el otro extremo del comedor.
Entró con Gabriel en brazo