Laura
El primer día de visita supervisada amaneció demasiado claro para lo que yo sentía por dentro.
Me desperté antes de que sonara el reloj, con el calor de Gabriel pegadito a mi costado. Durante unos segundos me permití fingir que nada había cambiado, que ese martes era igual a cualquier otro: desayuno lento, una canción mientras le cambiaba el pañal, el cochecito rodando por los pasillos de Santa Mónica, Anny jugaba con el bebé.
Entonces, mientras apoyaba en el taller de contabilidad, el r