La siguiente semana transcurrió sin cambios ni contratiempos; ya me había habituado a esa rutina, y Gabriel también. Los informes del centro me mostraban cooperativa y a Carlos como un hombre correcto que buscaba reconectar con su hijo.
Ese fue el motivo por el cual, sin previo aviso, la rutina cambió. El horario de visitas se amplió un martes. Llegué al Centro Divino Niño a dejar a Gabriel, como de costumbre, cuando la trabajadora social me recibió en la entrada e indicó el nuevo horario:
—Señ