Capítulo 35
Antonio

Me separé de ella como si su boca me hubiera quemado.

El calor de sus labios no era doloroso; al contrario, invitaba a saborearlo, a perderme en ellos. Sabía que, si no paraba en ese instante, algo dentro de mí terminaría de resquebrajarse para siempre.

Su respiración iba tan agitada como la mía. Su sabor aún impregnaba cada rincón de mi boca y sus ojos, oscuros y brillantes, lucían más sinceros que cualquier palabra que hubiera pronunciado en toda mi vida.

—Laura… —murmuré en un hilo d
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