Laura
La noche pasó lenta; aunque Gabriel durmió tranquilo hasta la mañana, con frecuencia me levanté de la cama a revisar su cuna. Sabía que no había ningún problema con él, pero era la excusa para ocupar mi mente en algo distinto a las mil preguntas que me rondaban desde que Antonio avisó que iría a verme por un asunto importante.
El sol se coló a través de las cortinas en la pequeña habitación, bañando con su luz la cuna de Gabriel, y sonreí porque, visto así, parecía un halo divino que ilum