Laura Martínez
El silencio en el vestíbulo pesaba más que el mármol bajo mis pies.
Aún resonaba en mi mente la resolución del fiscal cuando escuché pasos sobre la escalera.
Levanté la mirada.
Carlos descendía, peldaño a peldaño, con un pequeño bulto envuelto en una manta.
¡Mi bebé!
El mundo se volvió borroso; solo existían ellos dos.
El aire me faltaba y el corazón golpeaba contra mi pecho como un tambor.
Mis brazos comenzaron a hormiguear ante el deseo de abrazarlo.
Carlos bajó despacio, como