Antonio Guzmán
El vehículo avanzaba con la suavidad habitual, pero dentro de mí cada kilómetro pesaba más que el anterior conforme nos acercábamos. Al fin cobraría un ápice de justicia, pero ¿por qué costaba tanto saborear la venganza?
Laura, sentada a mi lado, observaba en silencio por la ventanilla. Sus manos permanecían unidas en el regazo, tensas, y cada tanto exhalaba como si contuviera el aire por demasiado tiempo.
Desvié la vista de ella. Intenté concentrarme en los documentos sobre mi p