Lucia
El trayecto hasta la suite se hace en un coche con cristales tintados.
No se dice una palabra.
Solo el suave tintineo de su reloj cuando verifica la hora.
Como si incluso la noche de bodas debiera seguir una agenda.
Fijo un punto en el cuero del asiento.
Un rasguño minúsculo.
Un defecto casi tranquilizador en todo lo que, a mi alrededor, es demasiado liso, demasiado limpio, demasiado pulido.
Él no me toca.
Ni siquiera me mira realmente.
Pero su silencio es más elocuente que cualquier mano