Alfa Riven fue llevado a su habitación con la rapidez y el silencio de quien sabe que el tiempo se ha vuelto enemigo.
Las antorchas arrojaban sombras largas por el pasillo; el aire olía a hierro y a temor.
Los guardias cerraron la puerta tras ellos, como si al encerrar el cuarto pudieran contener también la marea de pánico que se extendía por la mansión.
Afuera, en el corredor, la voz quebrada de Luna, Phoebe y los sollozos de Tena rompían la noche en pedazos.
Ambas lobas estaban destrozadas: Ph