La noche se alzaba luminosa sobre el territorio de la manada Roca Fuego.
El aire estaba cargado de incienso, flores silvestres y un leve temblor de expectativa.
Era la noche de la Bendición de la Diosa Luna, una celebración sagrada que ocurría una sola vez al año, cuando la Luna llena alcanzaba su punto más alto en el cielo y su luz bañaba a los lobos con la promesa de renovación y destino.
Sin embargo, aquel año el brillo plateado tenía un matiz distinto.
El rumor se había extendido por toda