Pronto llegó el día de la unión de Armyn y Riven.
No era la primera vez que sus destinos se entrelazaban bajo la bendición de la Diosa, pero sí la primera en la que lo hacían libres, conscientes y por amor verdadero. La primera unión había sido un acto de necesidad, de supervivencia y deber. Esta, en cambio, nacía del alma, del fuego compartido, de heridas sanadas y promesas que ya no estaban impuestas, sino elegidas.
Armyn permanecía de pie frente al espejo de cuerpo entero, respirando con calm