La mansión de los Rivas lucía imponente. Luces de cristal colgaban del techo. La mesa del comedor estaba puesta con manteles de lino blanco, vajilla de porcelana y cubiertos de plata. Flores frescas en jarrones de cristal. Todo era elegancia. Todo era tensión.
Mara estaba sentada entre su madre y su padre. Vestía un traje azul marino, sencillo pero elegante. Las manos sudorosas las mantenía ocultas bajo la mesa.
Joaquín estaba a su lado. Chaqueta de cuero negra, camisa blanca de manga larga con