La mujer se quedó frente a ellos. Alta. Morena. Ojos verdes. Labios rojos. El cabello negro cayendo sobre sus hombros. Una sonrisa que no llegaba a sus ojos.
—Hola, Joaquín —dijo ella, con voz suave, melosa—. ¿Cuánto tiempo?
Joaquín no respondió. Solo la miraba. Como si viera un fantasma. Su cuerpo estaba tenso. Los puños cerrados. La mandíbula apretada.
Luna dio un paso adelante. Se acercó a él. Levantó una mano y le acarició el hombro derecho. El mismo que Joaquín se había lastimado en el cho