La noche cayó sobre la ciudad como un manto de terciopelo oscuro. Las luces de los edificios comenzaron a encenderse una a una, como estrellas urbanas que titilaban en la distancia. Mara salió del penthouse con el corazón acelerado, las manos sudorosas, la respiración entrecortada. Le había dicho a Joaquín que iba a ver a su madre. Era una mentira. Una mentira que le pesaba en el pecho como una piedra, que le raspaba la garganta cada vez que pensaba en ella. Pero no podía decirle la verdad. No