La mañana estaba gris cuando Joaquín y Mara llegaron al hospital. El cielo cubierto de nubes bajas parecía reflejar el estado de ánimo de Joaquín, que desde el desayuno apenas había hablado. No estaba triste. Estaba pensativo. Cada visita a su abuelo era un recordatorio de lo que había perdido y de lo que aún podía recuperar.
Caminaron por los pasillos blancos, los pisos de mármol brillando bajo la luz tenue. El olor a medicina y flores frescas llenaba el aire. Las enfermeras los saludaban con