La luz de la mañana entró por los ventanales de la villa, filtrándose a través de las cortinas blancas de lino. El sol de las Maldivas pintaba el mar de tonos dorados y turquesas. Las olas sonaban suaves, como una canción de cuna que invitaba a quedarse en la cama para siempre.
Mara abrió los ojos lentamente. Parpadeó. El techo alto, las vigas de madera, el ventilador girando sobre su cabeza. Sintió el calor de un cuerpo junto al suyo. La respiración pausada de Joaquín, aún dormido, rozaba su n