La recepción estaba en su punto más alto. La música sonaba, las copas brillaban, los invitados reían y bailaban. Pero todo tiene un final. Y ese final había llegado.
Joaquín tomó a Mara de la mano. La miró a los ojos. Sonrió. Esa sonrisa que la desarmaba.
—¿Lista? —preguntó.
—¿Para qué?
—Para irnos.
Mara sintió un vuelco en el estómago. La luna de miel. El viaje. Estar solos. Lejos de todo. Lejos de todos.
—¿Ya? —preguntó, con voz tímida.
—Ya. El carro nos espera.
Caminaron entre los invitados,