La noche había caído por completo sobre la mansión Hidalgo, y la celebración llegaba a su fin. Los invitados comenzaban a despedirse, sus rostros iluminados por la alegría de una velada inolvidable. Las despedidas se alargaban con abrazos y cumplidos, mientras los sirvientes recogían las copas vacías y las flores marchitas, restaurando la casa a su estado habitual de orden y silencio. Las luces de los candelabros parpadeaban suavemente, como si también estuvieran cansadas después de tantas hora