La mañana siguiente amaneció con un sol brillante que se filtraba a través de las cortinas de la habitación de Maritza, bañando cada rincón con una luz dorada y cálida que parecía anunciar un día especial. Los rayos del sol bailaban sobre el suelo de madera, creando patrones de luz y sombra que se movían con la lentitud del tiempo. El aroma a café recién hecho flotaba en el aire, mezclándose con el perfume de las flores que Joaquín había enviado la noche anterior. Era un día nuevo, un día que p