98.
Quise creer que mi magia tal vez era suficiente. De verdad lo creí, con todo el ahínco del mundo.
Grité mientras todo mi poder salía de mí: dos enormes chorros de hielo desde las palmas de mis manos, humo y nieve disparados como dos certeros relámpagos hacia el vampiro. Y cuando bajé mis manos, sintiendo que el poder menguaba, pude ver que lo único que había hecho Mordor era cubrir su cuerpo con una de sus alas. Todo mi hielo había rebotado en sus membranosas extensiones como un trampolín, y lo