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El viaje de regreso fue más rápido que el de ida. Ya conocíamos el camino, no nos detuvimos ni una sola vez a descansar. Así que terminamos el viaje en día y medio, y cuando pude ver la ciudad de Luna Azul desde lo alto de la colina, suspiré profundo. Ahora las cosas estaban muchísimo más claras. Sabía muy bien que la guerra no tenía sentido, que Luna Azul y Flagela no debían enfrentarse porque teníamos un enemigo más grande.
Sinceramente, imaginé que contarle esto a los ancianos del Consejo se