202.
Ángel tomó al muchacho de la muñeca y no se lo pensó dos veces antes de atravesar la ventana que había en la oficina. No sabía dónde podía llegar a conducir; era evidente que no conducía al exterior, o si no el velo la cubriría. Pero al menos saldrían de la oficina, y eso era lo único que importaba.
Sirius no dijo nada, obedeció ciegamente la orden del mayor y ambos saltaron por el agujero de la ventana. Ángel sintió con fuerza el vacío en el estómago mientras caía, y supo que no sobrevivirían.