187.
Acaricié con las yemas de los dedos la pluma de Salomón que reposaba en la palma de mi mano. Era muy suave al tacto superficial, pero podía sentirse la dureza y la resistencia que tenía. Al igual que el filo de sus navajas.
—¿Se creen que significa esto? —preguntó Axel.
Pero yo sabía muy bien la respuesta. Mordor no solo era un psicópata enfermo, deseoso de poder. Le gustaba jugar con nosotros. Eso era lo que estaba haciendo en ese momento: nos gritaba en nuestras caras que tenía a Salomón.
—Te