129.

Me puse de pie con tanta fuerza que mi cabeza golpeó la parte de arriba del domo que había creado para protegernos, para descansar un rato, y aquello despertó a Salomón.

—¿Cómo que se escapó? —le pregunté a Sirios.

El muchacho abrió los ojos sorprendido.

—También estaba durmiendo. Cuando desperté, estaba intentando comerse el centro de este mango que tenía en la mano, la parte interna del mango, su semilla grande y dura. Se la quité para que no se lastimara ni se ahogara con ella, y se enojó.

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