111.
Fue punzante, como una aguja entrando en mi pecho. Pero yo sabía que era su mano. Era la mano de aquella mujer, entrando en mi pecho. Podía sentirla purgando en mi interior. Podía sentir que buscaba… que hurgaba adentro.
Grité. Intenté moverme, pero el agua se había convertido en una espesa melaza que mantenía mis muñecas y mis tobillos perfectamente sujetos. Estaba completa y absolutamente a merced de aquel ser que estaba de pie a mi lado, intentando encontrar algo en mi interior, mientras su