109.
Fue poco lo que pudimos hablar después de que salimos de la Cueva. La tormenta era tan poderosa y tan impredecible, que lo único que pude fue aferrarme con fuerza al pelaje de Sirius para que no me lanzara el viento.
Salomón siempre había sido tremendamente fuerte y poderoso, y a pesar de eso, la tormenta también lo tenía menguado. El Rey Cuervo tuvo que encoger profundo sus alas para que el viento no lo sacara volando. Parecía una odisea completa, y entre más avanzábamos, más lejos parecía est