108.
Fue poco lo que pudimos hablar después de que salimos de la cueva. La tormenta era tan poderosa y tan impredecible, que lo único que pude hacer fue aferrarme con fuerza al pelaje de Sirius para que el viento no me lanzara con violencia. Salomón siempre había sido tremendamente fuerte y poderoso, y a pesar de eso, la tormenta también lo tenía menguado. El Rey Cuervo tuvo que encoger profundamente sus alas para que el viento no lo sacara volando. Parecía una odisea completa, y entre más avanzábam