Victoria empezó a buscar departamento sin decírselo a nadie.
No fue un impulso. Llevaba semanas calculando gastos, distancias y rutas entre el taller, la oficina de Daniel, el despacho del licenciado Rivas y las zonas donde pudiera vivir sin depender de choferes, favores ni permisos silenciosos.
No quería lujo. No quería mármol, jardines ni salones que le recordaran que ocupaba un lugar prestado. Quería algo pequeño, práctico, con buena luz y una puerta que pudiera cerrar sin que nadie se sintie