Los días siguientes avanzaron con una lentitud insoportable. El tratamiento mantenía a Victoria estable, pero su estado seguía siendo delicado: algunas mañanas podía hablar durante unos minutos, mientras que otras veces apenas abría los ojos.
Adrián aprendió a reconocer cada cambio con una atención dolorosa. No entraba sin permiso ni le había hablado de Mathis y Camille, los dos pequeños que trajo de Francia y mantenía protegidos en la mansión, porque Victoria aún no estaba en condiciones de re