Fernanda notó la distracción de Adrián antes de que él pudiera esconderla.
Estaban en el salón pequeño de la mansión Montenegro. Regina hablaba con el doctor en otra habitación, y Adrián tenía el celular en la mano sin parecer leer nada.
Desbloqueaba la pantalla, la bloqueaba y guardaba silencio.
—Estás distraído —dijo Fernanda.
Adrián levantó la mirada.
—Solo tengo pendientes.
—¿De la empresa?
—También.
Fernanda inclinó un poco la cabeza.
—¿De Victoria?
La pregunta fue suave, pero llegó al luga