A la mañana siguiente después del desayuno Fernanda pidió ver a Victoria.
La solicitud llegó por medio de Clara, con un tono tan simple que habría parecido inofensiva para cualquiera. La señorita Fernanda quería hablar con su hermana un momento, nada más. Victoria dejó a un lado los documentos del proyecto y bajó al salón pequeño, donde Fernanda descansaba junto a la ventana.
Llevaba una manta sobre las piernas y una taza de té sobre la mesa. Su rostro conservaba esa fragilidad que todos proteg