Regina esperó hasta que Fernanda pidió descansar.
Adrián la acompañó hasta una de las habitaciones de invitados con una atención que no necesitaba ser explicada. Bastaba verlo sostenerla del brazo, inclinarse para escucharla, ajustar el paso al de ella, para que todos entendieran quién seguía ocupando el centro de su mundo.
Victoria permaneció en el salón, revisando que las copas fueran retiradas y que los empleados no olvidaran servir el té que Regina había pedido para las visitas.
Era su casa